El día de hoy escribí el ensayo final para mi clase de Mercadotecnia de Servicios Profesionales en Babson College. La pregunta del ensayo era relacionada a si el ser entrón en una empresa de servicios y operar eficientemente en el día a día puede ser una estrategia que traiga consigo ventajas competitivas en el largo plazo. Mi punto de vista al respecto es muy radical, porque sé que más firmas fracasan no por tener una mala estrategia, sino porque sabiendo lo que hay que hacer para tener éxito en crecer la compañía, simplemente no lo hacen. Un ejemplo que explica claramente como hay más fallas por mala ejecución que por mala estrategia podría ser el de alguien con sobrepeso y fumador, que quiere bajar de peso y dejar de fumar. Una persona que quiere bajar de peso o dejar de fumar sabe lo que tiene que hacer para lograrlo, pero la mayoría de las veces es el día a día -la implementación de la estrategia, lo que falla. De nada sirve buscar más y más novedosas dietas, o probar con diferentes métodos para dejar de fumar. Eso no hará nada por lograr los objetivos de salud de esa persona. Lo mismo pasa en las empresas: Una empresa que quiere crecer tiene que implementar más y teoretizar menos.

Así pues, la estrategia de seguir una estrategia día con día, con compromiso y convicción, es en sí una estrategia. En mi ensayo, me atrevo a contradecir a Michael Porter en su artículo “Qué es estrategia?”,  en donde explica que la eficiencia operativa no es una estrategia, sino sólo un boleto para participar en la competencia. También explico como la eficiencia operacional sí puede ser una estrategia por sí misma, y más aún, una estrategia muy difícil de imitar.

Buena idea... Quién la ejecuta?